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Mi primer día en Japón (1)

Domingo, 18 marzo 2012

En dos [1] [2] de los blogs que sigo han tenido una iniciativa común, aunque espontanea, de explicar su respectivo primer día en Japón. Aprovechando que puedo reciclar las crónicas que fui escribiendo para algunos amigos (últimamente no me sobra tiempo para publicar), he decidido hacer lo propio, aunque en mi caso la explicación no es sencilla. Sería incomprensible sin detallar las circunstancias especiales que acontecieron antes y durante el desplazamiento hasta allí. Como no me gusta hacer entradas muy largas, voy a dividir el relato, comenzando por estos prolegómenos:

Todo comenzó cuando una amiga se fue a trabajar a Tokyo y nos invitó a pasar las vacaciones en su piso, dándonos la oportunidad, a mí y a otro amigo al que acompañó su esposa, de viajar por vez primera a Japón. Las complicaciones empezaron cuando nuestra sufrida anfitriona, necesitada de volver a casa a arreglar sus asuntos personales y ver a su familia tras casi un año, sólo pudo disfrutar de sus nueve días para venir a España en las fechas que nosotros debíamos llegar. Así que en vez de estar esperando nuestra llegada pues me viene a buscar, y me entrega como kit de supervivencia básico su móvil japonés, un buen fajo de yenes (yo le di euros a su llegada y ambos nos beneficiamos de un cambio sin intermediarios ni comisiones), las llaves del piso y un magnífico plano improvisado en una hoja de libreta. Cabe resaltar que en aquella época, agosto de 2006, mis conocimientos de Japón y su idioma se limitaban a las pelis mal juntadas que había podido ver, casi todas de época, por lo que leer en aquel plano nombres como Iidabashi o Sôbu-sen me sonaban de lo más extraño.

Para acabar de aderezar el panorama, después de varios meses con el billete comprado para volar a Narita el 16 de agosto, vimos alarmados como en los días previos se sucedieron una huelga de operarios en el aeropuerto de Barcelona y un conato de ataque terrorista en Heathrow. La cancelación masiva de vuelos y el caos generalizado en esos dos aeropuertos me tuvieron colgado de prensa, radio e Internet esperando con ansiedad saber si levantaban las restricciones y se podía despegar o no. Y la cosa parecía normalizarse, pero uno que es precavido tuvo que llamar el día anterior a British Airways para que le escuchar que sí señor, que su vuelo saldrá puntualmente, que ya está confirmado, que aunque no podrá llevar líquidos a bordo ya se permite equipaje de mano, y hasta dispositivos electrónicos podrá llevar el señor. Así que respira uno tranquilo con un día de antelación, saboreando ya el viajecito. Pero claro, si haces el check-in on-line luego vas al embarque más tranquilo y sin hacer ni colas ni nada y cuando lo quise hacer antes de irme a dormir ¡vuelo anulado!

Pero vamos a ver cómo es posible esto, que me confirmaron ustedes esto hace menos de una hora, y que sí, disculpe usted, pero es una cancelación de última hora y que tiene disponible un vuelo seis horas antes, que ya parece todo arreglado pero vamos, que ya no me fio ni de mi sombra, y hasta que no me vea en vuelo no me lo creo. Y a partir de ahí a espabilarte, porque a ver que tren te va a llevar al aeropuerto para llegar antes de las cuatro de la mañana y no vayas a llegar tarde, que al juntar los pasajeros de dos vuelos te podías quedar fuera por overbooking si no estabas dos horas antes en la ventanilla de la compañía aérea. Al pobre de mi cuñado le tocó madrugón extra para llevarme, justamente el día que volvía al trabajo tras sus vacaciones.

Otro tema fue la coordinación con mi pareja de amigos, que en principio volaban desde Madrid un poco más temprano, así que ellos debían estar antes en Heathrow y esperar unos 50 minutos mi llegada para proseguir juntos. Finalmente me esperaba un buen rato yo sólo dando tumbos esperando en Heathrow. Suerte que en la web de British indicaba que el mp3 ya se admitía, había estado vetado cualquier aparato electrónico en los vuelos a Londres, y también el móvil: el mío imprescindible para poder hablar con mis amigos y coordinarnos si finalmente no podíamos viajar juntos (no olvidemos que las llaves del piso y el dinero los llevaba en mi bolsillo), y el de Japón para usar los contactos de mi ausente amiga en caso de problemas.

Pues el caso es que llegas a la hora que te dicen y, como era de esperar, aún estaba todo cerrado, la oficina y el mostrador de facturación. Y al final claro, cuando apareció el personal se armó la marimorena de gente queriendo facturar todos a la vez para evitar el dichoso overbooking. Primero a conseguir el documento de cambio de vuelo y luego, de las cuatro colas que había en la facturación, voy y escojo la de la única operaria borde que me impide embarcar ¡absolutamente nada! Aunque protesté con que mi información era otra, me dijo que si llevaba cualquier cosa aparte de mi pasaporte y tarjeta de embarque me lo quitarían en el control de seguridad e iría a la basura. Y ante semejante argumento uno no tiene más que desprecintar la maleta y facturarlo todo, incluyendo llaves, dinero y móviles, temiendo que se extravíe la maleta y lo pierdas todo y sin poder avisar a mis compañeros de la situación.

Al final, el avión despegó sobre lo previsto y, aparte del cabreo al comprobar que los pasajeros del resto de colas entraron sin mayor problema sus pertenencias imprescindible, me pude relajar un poco pensando que ya está todo en vías de solución. No sabía aún que en Heathrow la cosa no sería mucho mejor.

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